Sabor profundo

Cielo y tierra sólo se distinguen por ligeros matices. El crepúsculo es del color de un viejo brandy de Jerez, largo y cálido como un buen trago. Pero hay algo que no encaja en el cortijo de la loma, cerca del acornocal de sombras un tanto exageradas. No hay nadie trabajando en las viñas, ni nadie contemplando el paisaje, ni nada humano en el horizonte. Además, la luz debería suavizar la fachada y los campos pero los endurece como si brillase un mediodía cegador.

No dejé de estudiar el sol hasta que desapareció el último de sus rayos. Entonces cerré los ojos y la copa se calentó en mis manos durante horas.

Al día siguiente vislumbré el retorno de los hombres y descubrí el sabor profundo.

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