Por más que fuésemos…

¿Ves este huevo? Lo abrimos y dentro hay otro, y  dentro de éste  otro más… Me miraron esperando una respuesta pero, hipnotizado por sus ojos sanguinarios, no fui capaz de abrir la boca. Después comenzaron a despellejar un árbol. Dentro había otro y otro. Seguía sin entenderlo. Decidieron tomarme como prototipo. Metieron sus largos dedos en mis entrañas tal como lo haría un artesano en un pedazo de barro. Sentía claramente como revolvían mis formas más íntimas. Pronto fuimos miles los que sentimos la misma sensación.

Yo -creo que fui yo- levanté un dedo en señal de protesta y el resto me imitó. Abrí la boca para decir algo y todos la abrieron sin decir nada. Nos quedamos como bobos mirando a nuestros supremos hacedores. Cuando me volvía hacia mis idénticos, ellos se volvían hacia mi. Si les guiñaba un ojo, ellos lo guiñaban al unísono. Cuando finalmente decidimos dispersarnos, emprendimos torpemente la misma retirada.

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