Ponte en nuestro lugar

Vimos por primera vez aquella figura a través del telescopio y decidimos encaminarnos hacia ella impulsados por un misterioso magnetismo. Años después, tras una larga travesía, alcanzamos a divisarla con unos simples prismáticos -suplantaba el lejano horizonte con una silueta tipo reloj de arena. Cada vez estábamos más cerca pero también más decrépitos. Arrastrándonos como perros apaleados, sin apenas fuerzas para estirar la mano y tocarle los pies con la yema de nuestros dedos ancianos, alzamos la vista en busca de un remedio. Al ver sus ojos glaucos e inalterables comprendimos que sólo estaba allí para ocupar el lugar de cualquier otra cosa.

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