Lo que más extraño es mi sombrero

Era un sombrero de copa alta, hecho de piel de castor y de dimensiones extraordinarias. En un doble fondo ocultó siempre documentos inconfesables y dinero de dudosa procedencia. Pertenecía a un tipo desgarbado, de seis pies de alto, cuya sombra hacía desmayar a las damas, llorar a los niños y aullar a los perros.

Pasado el tiempo, un anticuario vendió el sombrero –vacío- a un famoso mago. Para sus intenciones era perfecto: regresar la magia a sus orígenes, volver a sacar seres vivos de una chistera. Por ello contaba con un aprendiz aficionado al contorsionismo. Pero en aquel teatro abarrotado, el truco sorprendería al propio mago. No fue el aprendiz el que salió de la nada, sino un personaje de casi dos metros, con monóculo incluido, que al comprobar que no tenía nada sobre la cabeza, gritó: ¡Quién ha sido el canalla!

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