La emboscada

Me adentré en el bosque siguiendo el sendero tortuoso que iba abriendo en su huída el animal herido. Por un instante me hubiese escapado a través de las copas de los árboles en busca de aire puro, pero el perro me sacaba cierta ventaja y no debía perderle de vista. Sus huellas pisaban las de la bestia y las mías pisaban las suyas.

Quizás el rastro que dejé en la fronda no lo encuentre nadie, pues lo fue emborronando una criatura furtiva que, justo cuando me disponía a rematar a mi presa, me dio caza sin piedad.

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