En el inconsciente

Todo se funde a negro. Se oyen unos pasos; zapatos de tacón caminando por un suelo azulejado. El negro va aclarando y aparece la escena que (S) recuerda mientras está sin conocimiento.

-Muy bien la redacción, quiero verte después de clase.

Es la profe de literatura. Está maciza. Viste de forma bohemia pero muy sexy. Es morena, tiene los ojos verdes. En cierta manera parece salir de la jungla; aunque le gustan los libros deja a su paso una estela enigmática. Acaba de posar sobre el pupitre de (S) un examen con una S muy grande y roja en la parte de superior del folio. Una S de sobresaliente.

(S) Traga saliva y la observa mientras se dirige hacia la pizarra.

-Mañana nos acercaremos al que dicen que es el William Shakespeare del siglo XX, y que en el fondo es otro William: William Faulkner – su tono es un tanto sabiondo -. Con Faulkner cerraremos momentáneamente nuestra incursión en las letras estadounidenses y daremos un salto hasta Borges.

Se da la espalda para escribir en la pizarra. (S) no puede dejar de mirarla, no le importa lo más mínimo lo que pueda estar escribiendo. El de la mesa de al lado le dice al escucho:

-Yo no me creo que una profesora de literatura pueda estar tan buena.

Todos son adolescentes menos (S), que sigue conservando el cuerpo de adulto aunque nadie a su alrededor lo perciba. Se sienta hacia el medio de la clase, encajonado entre silla y mesa.

Las muchachas se sienten molestas porque todos los chicos babean, incluido él.

-Faulkner era varón, blanco, anglosajón, machista y más cosas, pero ante todo premio Nobel. Y sabed que, pese a la fama, las necesidades de supervivencia le obligarían a escribir guiones de cine para Hollywood. Era un tipo muy extraño. Pero su vida no nos importa, lo que queremos comprender es un estilo narrativo que ha influenciado a generaciones enteras de buenos escritores, incluyendo a Gabriel García Márquez. Faulkner os resultará un tanto farragoso, pero sabed que de su obra nos interesa (ahora sí escribe en la pizarra lo que va diciendo): a/ el vínculo entre novela y territorio, b/ el monólogo interior, la narración desde los pensamientos de los personajes.

Hace un inciso y se da la vuelta. Todos los chicos siguen mirándola estupefactos. Ella se humedecelos labios y continúa hablando:

-Con la narración desde dentro, Faulkner se ponía en la mente de sus personajes, les apuntaba con una pistola y les obligaba a escribir su propio guión.

(S) parece extrañarse ante esta aclaración. La profe continúa, mirando fijamente a (S)

-Sabía todo de sus personajes, hasta lo más íntimo. La mente de un autor así nos interesa mucho… Y nada más, eso es todo, nos vemos el jueves de cuatro a seis. Podéis iros.

Todos salen menos (S). La profe lo mira de forma provocativa y espera a que todos hayan salido para pedirle que se acerque. En realidad ella es más joven que él, su cuerpo lo es, pero en el inconsciente no importan los cuerpos.

-¿Cuántos años tienes? -le pregunta.
-17 -contesta (S) con su aspecto de treinta y pocos.
-Como Holden Caulfield en El guardián entre el centeno… Debería expulsarte del instituto una temporada…, pero no voy a hacerlo, qué te crees…

Sonríe y echa mano de su bolso, saca unas gafas negras y se las pone. En ese preciso momento de la tarde el sol siempre pega de lleno a través de los cristales, y pueden apreciarse centenares de ácaros y materias ínfimas flotando en el aire.

(S) no puede dejar de mirarla y desearla, el sol la contornea y le saca matices, es más bella aún y se muestra más coqueta.

-Me ha gustado mucho tu análisis sobre la obra de Chéjov, veo que te gusta su estilo… Pero para serte sincera lo que más me ha impresionado es la nota que has adjuntado. Una auténtica declaración de amor… querido (S).

Le tiende la nota a la vez que suspira. (S) la coge y comienza a leerla. No puede creérselo.

– Yo no he escrito esto.
-Imaginaba que dirías algo así, pero no tienes por qué avergonzarte, me ha gustado mucho de verdad, quiero más, centenares de declaraciones. Escríbemelas como trabajo de fin de curso y tendrás la nota más alta.

– Pero…

En ese momento, tras los ventanales de la clase que dan al jardín del instituto, pasa andando un tipo con cara de niño y una pistola en su mano derecha. (S) se asusta. El pistolero mira a través de loscristales hacia al interior de la clase. Busca algo. Se coloca la mano extendida sobre los ojos para poder ver más allá de su propio reflejo.

La profe posa suavemente una de sus manos largas sobre el hombro de (S).

-Las escribirás porque yo te lo pido.

(S) la escucha confundido. Parece que el tipo del jardín ya puede ver con claridad en el interior del aula. Observa fijamente a (S); le sonríe con su cara de niño. Le muestra la pistola y la señala con el índice de la otra mano.

(S) no puede evitarlo y comienza a excitarse. En su inconsciente hay unos labios, unas gafas de sol, una pistola… una profe cariñosa… ¿qué más se le puede pedir a una clase? En realidad no le importa en absoluto cuándo y por qué ha perdido el conocimiento, ni siquiera sabe que está inconsciente, ni recordará nada de lo sucedido una vez que se recupere. Ocasiones así no se tienen todos los días, y el tipo de la pistola no parece que oponga mucha resistencia. Además tiene muy claro que no piensa escribir ninguna declaración de amor en lo que le queda de vida.

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