En boca cerrada…

La víctima tenía un cuchilllo cebollero clavado en el corazón y estaba combada boca arriba, sobre una silla alta, con las yemas de los dedos rozando la mugre del suelo. Sus ojos fuera de órbita se dirigían a la partida de tute y su boca, muy abierta, parecía que fuese a cantar un renuncio. Los jugadores, salvo uno que apretaba los dientes, imitaban el grito ahogado del difunto. El manco volvía a llenar los vasos de vino con pulso experimentado y, ante el silencio sepulcral, el sonido del chorro era semejante a una cascada. Maria Tejedor, la cocinera, se comió de un plumazo la tortilla destinada al aperitivo aunque le dieran arcadas. Cuando llegó la policía,  los palillos de cada pincho se disponían sobre la barra con partículas de huevo, cebolla y patata. Al ser interrogada no pudo aguantarlo más y lo soltó todo de repente.

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