El hombre del saco

Ese rostro imperturbable como tronco de árbol milenario; un espíritu descomunal, capaz de subyugar tigres, elefantes, grandes osos, esbirros de mundos infernales… ese ogro persuasivo que siempre sale victorioso; protector y pragmático, sabedor de que la generosidad alivia la pobreza pero aflige más aún; esos ojos áureos y negros a la vez, quemados de tanto mirar al sol cara a cara… pero sobre todo esas suelas, las de sus botas: ¿dónde encontró el cuero suficiente para cubrir la superficie de la tierra?

Hace menos daño un elefante enfurecido que el que él nos hace. Lleva en su saco, del tamaño de una ballena cósmica, el pleno goce y beneficio de todas las posesiones universales. Es imposible llegar a vencerle porque allí dentro van todos sus enemigos, innumerables como vasto es el espacio. Tampoco se le puede hacer frente porque cambia el curso de los acontecimientos cuando le viene en gana. Por eso es mejor carecer de riquezas, honor, salud y medios de vida, que plantarse en su camino. Aunque hayáis estudiado, reflexionado y meditado mucho, si no os metéis en el saco sois como un vaso quebrado que se queda sin absolutamente nada.

Aprovechando el menor fallo de atención os robará los méritos, incluso los más íntimos, para ponerlos al servicio de sus hábiles instrucciones.

Debéis dejar que lo haga, no sirve de nada mantenerse en guardia. Sólo hay una cosa que deberían enseñar en la escuela: la manera más cómoda de tenerle miedo.

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