Descubrimiento

Se me quedó mirando quietamente antes de bajar la vista y dar por concluida su tierna sonrisa. Creo que en ese mismo instante le brotó un sarpullido sobre el labio superior. También aprecié como sus ojeras se ennegrecían mientras desviaba sus ojos hacia cualquier parte. Fue justo antes de abrir los labios y confesarlo. No necesitaba saberlo, le dije. Podría haberle dicho que lo sospechaba, pero sería mentira. No era necesario que me lo contases, me corregí al rato. Sólo supe la verdad en el mismo momento que me la contó, ni un minuto antes. No tenías que haberme dicho nada, le dije al fin tras un brutal silencio. Y los dos supimos que ya nada sería igual y que el tiempo retrocedería hasta unos segundos antes de conocernos, esos segundos en los que no esquivamos la mirada, ni dejamos de sonreírnos, ni seguimos de largo.

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