Cuando me escribe

Las cartas que me escribe parecen sacadas de un manual de ortografía práctica. Resultan de una simetría excelente en el trazo de la tinta. Los párrafos discurren centrados en la página con una alineación preciosista. No existe indicio alguno de despropósito en el pulso a la hora de volver a encontrar el curso de las palabras. Tiene muy claro qué contarme, desde el principio todo apunta a lo que se quiere decir. Un desarrollo sopesado en busca de un final perfecto. En las cartas está estrictamente puntuado el sentido, la intención y los motivos que le conducen a escribir. No falta ningún acento ni se descubre falta de ortografía conocida. Además, yo soy el destinatario y él está en el remite.Y aún con todo, realmente dudo de que lo que me cuente en estas cartas tenga algo que ver conmigo.La que me ha llegado hoy tiene una profunda novedad. En la línea cinco del segundo párrafo hay un tachón. He tratado de saber qué escondía debajo, y a tenor de las palabras que lo siguen y la preceden dudo de si será un “ante todo” o un “después de todo”. También se muestran confusas las últimas palabras, sacadas de contexto, sin ritmo en su caligrafía. Transcurren desordenadamente, sin cánones. Y dice así: “¿Por qué no contestas a mis cartas?”.

Y digo yo entonces para mí mismo: “Hay que evitar llevar la pluma a los labios, y que entre la tinta en las heridas”.

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